En un tapiz de musgo, esmeralda y solsticio, donde la vida respira en cada rincón, se alza un altar a la paz, sin artificio,donde el alma encuentra su canción.
Una silueta blanca, como una nube errante, o el contorno de un cóndor en majestuoso vuelo, abraza el espacio con un fulgor radiante, uniendo en su vientre la tierra con el cielo.
De su esencia nacen ríos que son colores, la cuna del tiempo, el futuro que brota: el amarillo del oro y los mil amores, el azul de dos mares y la lluvia devota.
Y el rojo, no de la herida, sino del calor, de la sangre que canta en el pecho una cumbia, de las frutas más dulces, del café con su olor, de la vida que, terca, de amor nos inunda.
¡Oh, Vida! ¡Oh, Colombia! En tu suelo floreces, tejida de historia, de luz y de fe. En esta imagen pura, por fin reapareces,como el abrazo materno que siempre soñé.